El Botánico es uno de los secretos mejor guardados de Valencia, una ciudad que esconde cientos de ellos.
El Jardín Botánico de la Universidad de Valencia fue fundado en 1567, pero su ubicación actual data de 1802. Está situado al sur del antiguo cauce del río Turia y casi linda con él, próximo a edificios emblemáticos de la ciudad como el IVAM, o la Casa de la Beneficencia, ambos también de obligada visita. A pocos metros se encuentran las Torres de Quart, una de las puertas de entrada al barrio del Carmen, el casco antiguo de la ciudad.

Acceder a su interior es hacerlo a un mundo amable, culto y refinado, y en muchas ocasiones también exuberante a causa de los caprichos de la Naturaleza. Su colección reúne más de 4.500 especies del reino vegetal, expuestas en su mayor parte en una parrilla de calles ordenada con trazo geométrico. Pero es en el invernadero tropical, una construcción decimonónica de hierro y vidrio, y en el umbráculo, originalmente de la misma época pero reconstruido a finales del siglo pasado tras un incendio, donde encuentran refugio las especies que requieren para su desarrollo y conservación un entorno especial.
Alberga también un huerto, sencillo contrapunto a la imponencia de otras muestras .
Palmeras y lechugas, orquídeas, plantas carnívoras y aromas de hinojo, tomillo, salvia y espliego. Plantas acuáticas en el estanque central.
El Botánico da cobijo a una pequeña sociedad de gatos, que deambulan por aquí y por allá, gordos y felices. Si el visitante lo solicita, puede apadrinar a uno de ellos y contribuir a su mantenimiento.
Por si fuera poco, en él se desarrolla una amplia agenda cultural, desde exposiciones de fotografía y conciertos hasta cursos de cocina, idiomas, distintos aspectos de la botánica o paseos nocturnos acompañados de música y poesía.
El Botánico, paraje discreto pero orgulloso con justicia de su belleza, encuentra el equilibrio entre las sombras, el silencio y los tamices de la luz que se filtra a través de las hojas, y el visitante no ha de hacer más que disfrutar de ello. Es sin duda uno de los enclaves más civilizados de Valencia, ajeno al chisporroteo de las muchedumbres.
La mejor visita es la del mediodía, cuando lo ilumina la inigualable luz valenciana, rotunda, envolvente y plena. O aprovechar una de las actividades nocturnas para disfrutarlo por la noche, saturado de fragancias vegetales.
La web: http://www.jardibotanic.org/
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